jueves, 14 de junio de 2012

Megatendencias

La era de la economía industrial llegó a su fin y las estructuras ligadas a ella están siendo modificadas por los cambios tecnológicos introducidos en los últimos años, pero cuyas tendencias comenzaron a manifestarse desde mucho tiempo atrás. Estas transformaciones continúan en constante mutación y se describen y analizan en este libro de un modo claro y riguroso. Sirve para entender de dónde venimos, dónde estamos y, quizás, hacia dónde vamos.

El autor basó su trabajo mediante el estudio de los comportamientos humanos y sociales de vastas regiones de EEUU. A lo largo de los años, pudo comprobarse que las tendencias identificadas en aquel país pueden aplicarse casi en cualquier lugar del mundo. Es interesante, por lo tanto, verificar de qué se trata, una por una, cada “megatendencia”, entendida ésta como distintas reestructuraciones de la sociedad. En total son diez, que se enuncian como sigue:

  1. De la economía industrial a otra basada en la información
  2. Alta tecnología con respuesta humana
  3. De una economía nacional a otra global
  4. De las planificaciones a corto plazo a esquemas más largos
  5. Dirigir desde las bases hacia la cúspide
  6. De la ayuda institucional a la autoayuda
  7. De la democracia representativa ala democracia participativa
  8. Abandonar la dependencia de estructuras jerárquicas en favor de sistemas de redes de comunicación no formales
  9. Éxodo desde ciudades atiborradas hacia lugares más distantes y tranquilos
  10. Transformación de sociedades chatas y masificadas en otras más libres que permitan la multiplicidad de opciones

Megatendencia N° 1. De la Sociedad Industrial a otra basada en la información

La sociedad basada en la información tuvo sus orígenes a mediados de los años ‘50. En aquella época se inauguró el servicio telefónico transatlántico por cable, Japón se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial y era aceptada en Naciones Unidas. Pero se vislumbraba otro cambio que no por pasar inadvertido resultaría menos impactante: los cambios en la composición de la mano de obra. Por primera vez los trabajadores de cuello blanco (técnicos, administrativos y ejecutivos), superaban en número a los de cuello azul (obreros). Esto significaba que la sociedad industrial paulatinamente se batiría en retirada. Los servicios y trabajos ligados a la información comenzaban a ser valorados en el mercado de trabajo por sobre los que generaban la producción de bienes materiales.
En esos años también fueron los inicios de lo que se daría en llamar “la carrera espacial”. El lanzamiento del “Sputnik” al espacio, a cargo de la ex-Unión Soviética, marcaría el comienzo de la era de las comunicaciones por satélite que ahora permiten las comunicaciones, o a través de Internet.
“En la sociedad industrial el recurso básico es el capital. Cien años atrás muchas personas podrían saber cómo construir una planta de acero, pero no estaban en situación de conseguir dinero para construirla”, afirma Nasbitt. Es verdad, en los albores de la era industrial el conocimiento sobre cómo hacer las cosas (know- how) aparecía completamente disociado del dinero necesario para fabricar ciertos productos. Los capitalistas aportaban su dinero para la construcción de empresas o financiaban proyectos. Los trabajadores, cualquiera fuese su nivel, aportaban su conocimiento dependiendo de las decisiones empresarias para concretar la realización de una obra. En la actualidad, si bien ese esquema no se disolvió del todo, se vislumbran vientos de cambio. Existen y existieron microemprendedores que se convirtieron en grandes empresarios y aun millonarios que siguen aplicando buenas ideas e innovaciones. El rubro informático es un buen ejemplo de la posibilidad de lanzar al mercado buenos proyectos. Tal es el caso de Robert Noyce y Gordon Moire, en Intel, desarrollando circuitos cerrados y microprocesadores, o el mas reciente, Bill Gates, con Microsoft y su instalación en Internet.

Carlos Marx había desarrollado una Teoría del Valor incorporando al proceso económico el aporte que significaba la labor de cada trabajador. En los tiempos que corren, además del trabajo físico debe evaluarse el conocimiento intelectual y el impacto de las tecnologías de la comunicación en la reducción de costos. La posibilidad de permitir interactuar o concretar negocios instantáneamente soluciona problemas distributivos en transmisión de mensajes. El correo de continente a continente podía tardar días. Hoy el correo electrónico permite propalar la misma comunicación en segundos. Los sistemas de combinación de información que integran el teléfono, el satélite y las computadoras se han constituido en una plataforma informativa insuperable que transmite datos e interacción instantánea entre quienes se conectan. Así como en la sociedad industrial era indispensable la utilización de recursos económicos no renovables, la era de la información sustenta su accionar en una energía renovable y autosustentadora: es la información que se propala a través de nuevas fuentes y vías de comunicación informatizadas.

Megatendencia N° 2. De la tecnología forzada a la alta tecnología con respuesta humana

La introducción de tecnología es imparable, no hay posibilidades de detener al desarrollo y a la evolución que implica la informatización. No es conveniente caer en la tentación de negarse a su introducción, como en el pasado lo hicieron los “luditas”, aquellos trabajadores del principio de la era industrial que destruían las máquinas porque se negaban a usarlas. Sin embargo, pese a su desarrollo, la tecnología no avanza en línea recta, es decir, no caben predicciones que supongan la desaparición de otras tecnologías aparentemente más atrasadas. Muchas veces ambas pueden convivir armoniosamente. Cuando surgió la radio muchos pronosticaron la desaparición de los periódicos y no fue así. Tampoco desapareció el cine cuando la televisión se impuso en los hogares, ni desaparecerá probablemente el trabajo en las oficinas, pese al auge de la economía virtual y el teletrabajo. Los seres humanos tienen necesidades sociales que la tecnología no puede reemplazar. Esto significa que no desaparecerán los puntos de reunión y de contacto entre trabajadores o con los clientes o entre la gente en general, sólo que tendrán otra configuración.

Megatendencia N° 3. De una economía nacional a otra economía mundial

En las décadas de 1950 y 1960, tanto el crecimiento en materia económica como los índices de productividad fueron notables. La actividad industrial se incrementó en casi un 25%. A principios de la década del ‘80, EEUU y otras naciones del mundo desarrollado comenzaban a dejar paulatinamente su hegemonía para formar parte de un mundo incipientemente globalizado. Países hasta hace poco irrelevantes serían considerados puntales de desarrollo y modelos de orden y pujanza económica, como los “tigres asiáticos” en la década del ’80, y a mediados de los noventa los llamados “países emergentes”. La raíz de estos cambios puede verse en el proceso de desindustrialización de los países centrales y las ventajas competitivas que encierran para muchas multinacionales la instalación de sus filiales en países periféricos, permitiéndoles sustanciales rebajas en mano de obra o reducciones impositivas. El surgimiento en la escena global de naciones latinoamericanas o asiáticas señala que los lineamientos de la economía han dejado de ser diseñados exclusivamente por los países centrales. La tendencia marca un mercado mundial interconectado y proclive a aceptar la intervención de todos.

El lado negativo de esta ecuación sería el contagio del sistema financiero mundial, que puede verse contaminado al minuto por la caída de la bolsa de países geográficamente distantes. Basta recordar los recientes y dolorosos ejemplos del efecto “arroz”, “tequila” o “vodka” para comprender que la “mundialización” de la economía no siempre trae consecuencias agradables.

Siguiendo uno de los mandatos básicos de la economía global, países considerados atrasados, o atados eternamente a la economía protegida y el mercado interno, se lanzaron a exportar especializándose en algún rubro determinado. Varias naciones asiáticas, como Corea, Singapur y Thailandia, se especializaron en la fabricación de productos electrónicos, desplazando del volumen total de ventas a EEUU o Europa. Dada esta realidad, sería saludable bregar por una redefinición del diálogo entre países desarrollados y emergentes para alcanzar un correcto equilibrio en el intercambio de productos.

Megatendencia N° 4. Del corto al largo plazo

La actitud típica del empresario norteamericano siempre fue proclive a favorecer el corto plazo; los logros de los ejecutivos son medidos cada trimestre en desmedro de planes a muy largo plazo. Esta actitud va a contramano de la cultura japonesa, en donde se valoran los proyectos laborales a largo plazo, compenetrados e integrados al entorno externo y sus usos y costumbres. Esto era posible en Japón hasta hace pocos años a causa de la captación de empleos vitalicios como algo natural y conveniente. Cada integrante de la organización es considerado como miembro de una familia y su vida personal y laboral no se encuentran disociadas. Esta actitud permitió a las empresas japonesas liderar el mercado de la industria de electrodomésticos, la electrónica y de audio por mucho tiempo y, además, lanzarse a la exportación de su “milagro japonés” a través de cuantiosas teorías de gestión y organización empresarias.
Las empresas norteamericanas, demasiado focalizadas en el rendimiento económico instantáneo, perdían de vista objetivos verdaderamente importantes.

El problema quizá no esté en la cantidad de tiempo que se dedica a una tarea, sino en desentrañar cuál es la razón de ser de cada negocio y tener cierta flexibilidad para adaptarse a los cambios. Alfred D. Chandler dijo en un artículo del “Wall Street Journal”: “Las grandes compañías no pueden impedir el cambio a menos que se mantengan a la vanguardia de los mercados y la cambiante tecnología”. El artículo hacía referencia a la desaparición de tres grandes empresas de Chicago: Swift, Pullman e International Harvest, cuyos dirigentes no supieron vislumbrar el cambio, anclándose en los orígenes de su negocio. Cuando las condiciones del entorno cambian, es indispensable reformular los objetivos para no quedar en el camino. En 1981 General Electric amplió su participación en el mercado de equipamientos eléctricos y Xerox se convirtió en una empresa de automatización de oficinas e impresoras, cuando mantenerse exclusivamente como proveedora de fotocopiadoras la hubiese hecho desaparecer. 

Megatendencia N° 5. De la centralización a la descentralización

En los albores de la sociedad industrial, las estructuras centralizadas y autoritarias en donde las decisiones se tomaban en la cúspide de la organización y eran acatadas sin más por todos los que debían obedecer órdenes, están llegando a su fin. Con la irrupción de medios informatizados, progresos en las comunicaciones e incremento de la educación en sendas capas de la población, estas estructuras resultan obsoletas e inútiles. Se requiere la participación, opinión y toma de decisiones compartidas de todos los miembros de una organización. La vieja “pirámide” se horizontaliza. Los niveles bajos elevan hacia la cúspide sus opiniones. Se apunta a la integración de distintos subgrupos interconectados y autodirigidos, aunque siempre supeditados a objetivos centrales de la empresa o institución a la que pertenezcan. El trabajo en equipo y las pequeñas unidades autoorganizadas serán el modelo de organización del mañana.

Las estructuras grandes y centralizadas pertenecían al modelo de la sociedad industrial que requería mantener grandes instalaciones de personal, equipamientos, herramientas, capital y materiales en un mismo lugar para producir mejor y a escalas mayores. Los productos se vendían a todos por igual.

Hoy, el consumidor, más cerca de los centros de decisión puede elegir productos a la medida de sus necesidades. Las posibilidades de comprar desde una PC o los avances de la banca o el comercio electrónico ya no pertenecen al terreno de la ciencia ficción. Es de suponerse que el crecimiento de Internet modifique tal vez la forma de hacer negocios o de establecer empresas en una forma inusual e inimaginable hasta el presente.

Megatendencia N° 6. De la ayuda institucional a la autoayuda

Desde la gran Depresión y la caída de la Bolsa de Nueva York en 1930, comenzó la dependencia de la ayuda pública para solucionar amplios aspectos de la vida. Protección a las empresas en apuros, ayuda institucional, educacional, alimenticia, vivienda, cuidado de la salud. Si bien es innegable la participación del Estado como regulador de las relaciones entre actores sociales y como proveedor de niveles mínimos de vida a su población, es poco saludable pretender que las gestiones gubernamentales se hagan cargo de absolutamente todos los temas que conciernen a la vida de los ciudadanos. Hay cuestiones que son indelegables y es preciso recuperar. Por ejemplo, la gran proliferación de grupos de autoayuda que surgen por doquier es una buena señal de las ansias de retomar las riendas de la propia vida. Existen asociaciones civiles orientadas a cimentar la confianza individual, amparándose en las experiencias de personas que están pasando por situaciones similares, ayudando a superar adversidades. En la actualidad la temática que abarcan estos grupos es muy variada: pueden crearse para superar adicciones, enfermedades, problemas psicológicos, de trastornos de la personalidad o para aliviar el dolor de quienes estén pasando por diversos duelos. También las asociaciones espontáneas de vecinos o ciudadanos que se agrupan para reclamar por sus derechos, o encarar iniciativas propias son signos claros de algo que está cambiando definitivamente en la sociedad.

En el mundo laboral se llega al mismo punto por diferentes razones. El incremento de la precarización o el desempleo en países desarrollados y no tanto, y la falta de políticas públicas eficaces al respecto, lleva a una innumerable cantidad de personas a pensar en el autoempleo o la realización de micro proyectos como salida para paliar la crisis, o en el mejor de los casos salir airosos y lograr establecerse con una actividad mínimamente rentable.

Megatendecia N° 7. De la democracia representativa a la democracia participativa

Afirma Nasbitt: “Las personas que sufren las consecuencias de una decisión deben poder participar del proceso que lleva a la adopción de la misma”.

La ética de la participación se está extendiendo en un movimiento que se origina en las bases y se expande hacia la cúpula, exigiendo una representatividad cada vez mayor en el gobierno, la economía y el mercado. El principio conductor de esta nueva democracia participativa es que “el pueblo debe ser parte integrante del proceso de toma de aquellas decisiones que afectan sus vidas”.

Es muy común que se recurra a iniciativas particulares o referéndum para detectar qué nivel de acuerdo tienen los ciudadanos con las decisiones políticas. Ningún gobernante que pretenda mantenerse demasiado tiempo en el poder debería ignorar las necesidades de los ciudadanos a los que representa. El mayor nivel de educación de los gobernados lleva a incentivar reclamos y cuestionar actos de gobierno. En los EEUU el cambio de mentalidad que llevó modificar la concepción del uso del poder se originó en: 1) El crecimiento de las Asociaciones de Consumidores. 2) Presión para que los directorios sean integrados por gente ajena a las organizaciones. 3) Nuevas actividades de los accionistas. 4) Mayor poder de decisión para los empleados.

En las empresas, el concepto de responsabilidad social corporativa ha sido reemplazado por una política de compromiso directo con la sociedad. Por otro lado, el cambio de estructuras empresariales que da lugar a equipos de trabajo y pequeñas unidades autónomas y autodirigidas es otro elemento indudable de apoyo a la participación en la gestión de gobierno.

Megatendencia N° 8. De un sistema de jerarquías a otro de intensa comunicación

Las estructuras antes eran piramidales. Desde las épocas del ejército romano hasta la Iglesia Católica o los comienzos de la General Motors o IBM, el poder, las decisiones y lo que había que comunicar se concentraba y originaba en la cúspide y luego se propalaba hacia abajo. A los feligreses, soldados o empleados sólo les quedaba una opción: obedecer sin protestar ni cuestionar las directivas que emanaban de un poder omnímodo y absolutista. La economía industrial se ha hecho a imagen y semejanza de estas estructuras.

La era de la información permite que aquellos individuos que antes no tenían poder porque no podían acceder al conocimiento, hoy lo tengan al instante y desde cualquier lugar. Cuando se toma conciencia de los derechos y se accede a la educación, ya no resulta posible someterse incondicionalmente a la autoridad. El surgimiento de las redes informáticas a través de Internet o Intranet permite conexiones entre distintos puntos geográficos, o desde la misma empresa mantenerse informados y comunicados al instante. Las posibilidades de aquellas organizaciones cimentadas desde las redes ofrecen lo que las burocracias no consiguen: el encadenamiento horizontal de información y la correspondiente aproximación interdisciplinaria entre distintos sectores que antes funcionaban como compartimientos estancos y hoy se unen gracias a la tecnología.

Una de las primeras empresas que instauró un sistema descentralizado fue Intel, líder de la industria de semiconductores. A comienzos de los años ‘80 permitió: 1) Que los trabajadores pudiesen tener más de un jefe. 2) La compra o control de calidad fue responsabilidad de un comité o consejo y 3) Los empleados participaban en las decisiones.

Megatendencia N° 9. De Norte a Sur

En Norteamérica, los desplazamientos hacia ciudades menos congestionadas del Sur o del Oeste son moneda corriente. Se abandonan las ciudades abarrotadas y sofocantes del Norte, por otras menos agobiantes. Así se inició el crecimiento industrial y comercial en zonas antes sólo emparentadas con el turismo. California, Texas y Florida son ejemplos de ciudades que ofrecen oportunidades por doquier. En otros países, inclusive la Argentina, el fenómeno es más o menos parecido. Ya no brinda prestigio el hecho de vivir en el centro de las grandes ciudades sino que cada vez es mayor la cantidad de gente que busca barrios alejados del mundanal ruido y la contaminación para refugiarse en reductos soleados y en contacto con la naturaleza. Esta bendición es posible nuevamente gracias a las nuevas tecnologías que permiten vía Internet y el Correo Electrónico mantenerse conectados al minuto con otras personas, amigos, “chateadores”, o por qué no entregar el trabajo “en línea” sin moverse de casa.

Megatendencia N° 10. Opciones limitadas, opciones múltiples

En una época el mundo era en blanco o negro, buenos o malos, lindos o feos. Los grises o, algo mejor, los vibrantes colores del arco iris no tenían cabida. La sociedad inmersa en un mercado masificante y masificado acataba pacientemente los dictados de la publicidad. Las empresas producían lo que estimaban era conveniente que los usuarios consumieran. Los años pasaron y los consumidores también se pusieron los ”pantalones largos”. No es posible engañarlos ni imponerles un producto porque sí. Las necesidades y las decisiones son otras. Ahora es el consumidor quien puede acceder al producto desde una PC y elegir entre una variedad de opciones cada vez más grande e individualizada. Hacia él hay que dirigirse, pero también conocerlo. En el mundo laboral también son múltiples las opciones: existe el trabajo flexible, el teletrabajo, a tiempo parcial o compartido. Trabajar de 9 a 17 parece ser una realidad propia de tiempos sepultados en el olvido. Y qué decir de la familia. Ya un estudio del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) de finales de los años ‘70 pronosticaban, para el año 2000, un incremento de familias unipersonales y la irrupción masiva de la mujer en el mercado de trabajo.

John Naisbitt, quien comenzó sus estudios sobre sociedad hace varias décadas, proyectó tendencias de la sociedad norteamericana y los cambios que se avecinaban. Hoy, después de varios años, puede comprobarse que sus vaticinios se han cumplido y algunas tendencias vislumbradas siguen vigentes acentuándose y transformando la sociedad conocida hasta entonces.